viernes, 5 de junio de 2015

Tengo una cita en el mejicano.
Tengo reservada una mesa para dos en la terraza con vistas a un abismo de deshielo y no se qué ponerme.
Me he probado la falda color teja que compré 
cuando las montañas heladas resistían envestidas de barcos cargados de acentos, pero un redoble en el dobladillo delata el maremoto que sube y baja por mis piernas y he decidido aparecer desnuda,
aderezar el plato de la cena con placer picante.

Espero que ella, no aparezca con chaqué de pingüino.

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