lunes, 2 de agosto de 2010


Ella, sólo era feliz a oscuras,
en el silencio de la noche cuando por fin se metía en la cama,
en la otra punta de la cama.
Respiraba profundamente,
repasaba en fotogramas su rutina de silencio.
Se dormía con el brazo estirado,
tocando casi sin atraverse su pelo negro y rizado.

Entonces encontraba la paz.
El, se quedó calvo.